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El cáncer de mama
La mama es una glándula formada por múltiples
lóbulos y lobulillos en donde se produce la leche durante el período
de lactancia, unidos por una red de conductos galactóforos. Alguna de
sus células puede en algún momento de la vida sufrir una
transformación y dar lugar a un tumor maligno que se conoce como
cáncer de mama.
El cáncer de mama puede afectar a mujeres de todas
las edades, aunque es más frecuente en torno a la menopausia y
en las mujeres mayores. Los factores de riesgo para padecerlo no se
conocen bien, aunque parece que las mujeres con la primera regla
temprana o la menopausia tardía, las que no han tenido hijos o no les
han dado de mamar, así como aquellas que han recibido terapia hormonal
sustitutiva pueden tener más posibilidades de desarrollarlo.
La enfermedad en sus primeras fases es completamente
asintomática y solo se puede detectar mediante mamografías
periódicas. Por ello es importante que a todas las mujeres a partir de
los 40-45 años se les realice esta exploración cada uno o dos años. La
detección precoz mediante mamografía permite detectar
tumores más pequeños y por ello con mayores posibilidades de curación.
Pero habitualmente la enfermedad la detecta la propia mujer,
que nota un bulto indoloro en la mama. En raras ocasiones puede
presentarse como alteraciones o retracciones de la piel, secreción por
el pezón o un bulto en la axila.
Ante cualquiera de estas anomalías es importante que
la mujer consulte rápidamente a su médico, el cual le aconsejará las
exploraciones necesarias para llegar a un diagnóstico.
La primera prueba diagnóstica que suele realizarse es
una mamografía que ya puede hacernos sospechar la presencia de un
tumor o bien poner de manifiesto signos de otras posibles anomalías no
tumorales.
Ante la sospecha de tumor se debe proceder a realizar
una punción con aguja fina (paaf) que nos confirme la
naturaleza de la lesión. En caso de malignidad se debe llevar a cabo
la extirpación del tumor.
Aunque pueden existir casos raros en los que el
cáncer de mama está extendido fuera de la mama desde del principio, lo
mas común es que al diagnóstico se trate de una enfermedad
exclusivamente loco-regional (de la vecindad) .
Tratamiento quirúrgico
loco-regional
El tratamiento quirúrgico habitual suele consistir en
extirpar solo la zona de asiento del tumor con márgenes libres
o de seguridad (tumorectomía o mastectomía parcial). En ocasiones y
según las características de la lesión puede ser necesario realizar
una mastectomía total, que consiste en la extirpación de toda la mama.
En este caso se suele poder realizar una cirugía reconstructiva
en el mismo momento de la extirpación de la mama (RMI, siglas
de Reconstrucción Mamaria Inmediata), lo que ahorra a la paciente
posteriores intervenciones, y palia las importantes repercusiones
físicas y psicológicas que tiene la amputación de la mama.
En la mayoría de los casos se debe realizar un
análisis de los ganglios axilares, bien mediante la extirpación de
todos ellos, lo que se conoce como linfadenectomía o bien mediante el
estudio del ganglio centinela, que es el primer ganglio de la cadena
de drenaje que nos da una idea precisa de cómo van a estar el resto de
los ganglios evitando las secuelas a largo plazo que a veces puede
dejar la linfadenectomía.
Tras la cirugía hay que realizar un análisis
patológico exhaustivo del tumor y de los ganglios. Aunque existen
muchos tipos de tumores mamarios, en este resumen nos referiremos al
más común conocido como carcinoma ductal infiltrante de mama.
En el informe patológico se nos indicará el tipo y
tamaño del tumor, su grado de diferenciación y algunas características
biológicas importantes para la posterior decisión terapéutica, como
son los receptores hormonales, el Her-2… También se nos informará de
la afectación o no de los ganglios axilares y en caso de que estén
afectados se nos indicará cuántos de ellos.
Con todos estos datos, el oncólogo evaluará el riesgo
de posible recaída a largo plazo y determinará en función de él y de
características como la edad de la mujer, el estado menopaúsico y
otras, el tratamiento complementario más adecuado para cada paciente.
En ese momento el oncólogo y la paciente deben
evaluar juntos las distintas posibilidades de tratamiento y
decidir la más conveniente para cada mujer en función de sus deseos,
prioridades y expectativas.
Tratamientos
complementarios
Los tratamientos complementarios o adyuvantes pueden
ser de diverso tipo:
La quimioterapia consiste en la administración
de fármacos citotóxicos con el fin de eliminar las posibles células
cancerosas que hayan escapado del tumor antes de la extirpación, y que
pudieran dar origen a una recaída tanto local como a distancia en el
futuro. Se indicará en la mayoría de las mujeres intervenidas de
cáncer de mama, salvo en los casos que presentan un riesgo muy bajo,
que casi siempre suelen ser mujeres mayores con tumores pequeños y con
receptores hormonales positivos.
Existen distintos esquemas de quimioterapia que se
emplean según el diferente riesgo de recaída que presenta cada
paciente.
Los efectos secundarios de la quimioterapia son bien
conocidos y suelen incluir perdida temporal del cabello, trastornos
digestivos como nauseas, vómitos, alteración de los sabores,
estreñimiento, etc. Otros efectos sobre la médula ósea pueden
condicionar disminución de los leucocitos y la posibilidad de padecer
infecciones que se identificaran por la presencia de fiebre.
La hormonoterapia consiste en la
administración de tratamientos con efectos hormonales, que tienen como
objetivo reducir la cantidad de estrógenos circulantes, ya que los
tumores con receptores hormonales positivos se desarrollan mejor en
presencia de estrógenos.
Dependiendo del estado menopaúsico de la mujer el
tratamiento hormonal será diferente.
Los tratamientos hormonales son, en general, bien
tolerados. Los efectos secundarios más importantes son los síntomas
menopaúsicos, especialmente importantes en mujeres más jóvenes. Entre
ellos cabe destacar dolores osteo-musculares, sofocos, disminución de
la libido, sequedad vaginal, osteoporosis, etc.
Las terapias dirigidas consisten en la
administración de fármacos que van específicamente dirigidos contra
alguna molécula presente en las células tumorales, por ello estos
tratamientos son altamente eficaces y muy bien tolerados. Se
recomienda a todas las mujeres que presentan estas moléculas
específicas en la superficie de las células de su tumor.
La radioterapia está indicada en aquellos
casos en que la cirugía es conservadora o bien existe afectación de
cierto número de ganglios en la axila. Tiene por objetivo reducir el
riesgo de una recidiva local.
Seguimiento posterior
Finalmente una vez acabado el tratamiento la paciente
debe seguir revisiones periódicas de seguimiento en las que lo más
relevante va a ser la historia clínica, la exploración física y una
mamografía anual. El resto de las exploraciones complementarias son
poco útiles para diagnosticar enfermedad, ya que más del 80% de las
recaídas de un cáncer de mama las detectan las propias pacientes en
los intervalos entre las visitas de seguimiento.
Expectativas vitales de las
pacientes y cirugía reconstructiva
Como oncólogos y cirujanos oncológicos no estamos
dispuestos a renunciar a la más mínima posibilidad de aumentar las
expectativas vitales de nuestras enfermas, pero simultáneamente
queremos que su calidad de vida sea la mejor posible, especialmente,
si tenemos en cuenta que el 60-70% de las mujeres que tratamos van
a curarse definitivamente. Uno de los aspectos que más puede
contribuir a este objetivo es reducir en lo posible la extensión de la
amputación mamaria. Afortunadamente, gracias a las campañas de
diagnóstico precoz en la población sana mediante mamografías
periódicas, se ha conseguido detectar la enfermedad en estadios cada
vez más precoces facilitando con ello la posibilidad de cirugías
conservadoras.
Sin embargo un porcentaje importante de mujeres, que
puede estar en torno al 30% de la cifra global del cáncer de mama,
sigue requiriendo, por distintos motivos una mastectomía total y ahí
es donde entra en juego la posibilidad de realizar una cirugía
reconstructiva, que a su vez puede ser inmediata o diferida.
A pesar de todo, la cirugía reconstructiva de la mama sigue siendo
minoritaria en nuestro país: las reconstrucciones inmediatas no
superan el 10% de las mastectomizadas y sólo un 20-25% adicional se
reconstruye de forma secundaria. Eso significa que todos los años
cerca de 5.000 mujeres no son reconstruidas y pasan a engrosar la
enorme bolsa de pacientes amputadas, con los enormes conflictos
emocionales y psicológicos que ello conlleva.
A esto hay que añadir también que muchas mujeres
sometidas inicialmente a cirugías conservadoras de mama y tratadas
posteriormente con radioterapia pueden requerir intervenciones
reparadoras si el tratamiento oncológico no ha conseguido unos mínimos
estéticos aceptables.
Hasta hace unos pocos años la reconstrucción
siempre se demoraba, incluso uno o dos años tras el diagnóstico,
para evitar se decía, el que nos pasase desapercibida una recidiva
local. La experiencia posterior ha demostrado que esto no es cierto y
que la reconstrucción sea inmediata o posterior no modifica la
evolución de la enfermedad. También se ha comprobado que la
reconstrucción inmediata no altera ni dificulta la administración de
quimioterapia ni radioterapia posterior, lo cual ha llevado a indicar
cada vez con más frecuencia esta técnica por las indudables ventajas
que conlleva en otros aspectos.
La reconstrucción inmediata o RMI aporta importantes
ventajas desde distintos puntos de vista. Para las pacientes,
el hecho de no tener que verse en ningún momento privadas de la mama
tras ser sometidas a la intervención de un cáncer, supone un alivio
importante. Al margen de las ventajas psicológicas existen
ventajas técnicas en este tipo de reconstrucción. La intervención
reparativa sobre tejidos sanos y no sometidos a irradiación ni a
tratamientos quimioterápicos previos facilita mucho la cicatrización y
la adaptación de los tejidos a la nueva situación. Como consecuencia
de todo ello el resultado estético de la reconstrucción inmediata y el
grado de satisfacción, suele ser superior al que se consigue con la
diferida.
La reconstrucción plástica inmediata requiere una
importante coordinación entre los diferentes equipos
quirúrgicos implicados lo que requiere un planteamiento global y
multidisciplinario desde el momento del diagnóstico. Este
ejercicio de coordinación puede ser un factor psicológicamente
importante para la paciente que se ve atendida desde el principio por
un equipo de médicos que trabaja de forma conjunta y no por un médico
individual que tras realizar su trabajo la pasa a otro especialista
para que continúe el tratamiento. Por supuesto, y al margen de las
indudables ventajas individuales para cada paciente, el abordaje
multidisciplinar desde el comienzo de la enfermedad, en sustitución de
los enfoques secuenciales tradicionales, redunda en una indudable
mejora de la calidad asistencial global.
La RMI es y debe ser, parte integrante del
tratamiento del cáncer de mama, dentro de un Equipo Multidisciplinario
y en coordinación con los oncólogos y cirujanos oncológicos.
Procedimientos de reconstrucción inmediata >>>
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